Prepararse para el mañana: Desbloquear las nuevas competencias para el futuro del trabajo en 2033

Por
Simon L. Dolan, Mario Raich y Yolanda Triviño


Introducción

En un mercado laboral que cambia a gran velocidad, abrazar el futuro implica adaptarse a nuevas competencias y oportunidades. El título “Prepararse para el mañana: desbloquear las nuevas competencias para el futuro del trabajo en 2033” no solo resume la esencia de nuestro mensaje, sino que transmite una sensación de optimismo y preparación ante lo que está por venir.

Esperamos que este artículo anime al lector a ver el futuro como un espacio de oportunidades más que de amenazas, e invite a reflexionar sobre cómo cada persona —y las organizaciones— puede cultivar de forma proactiva las competencias necesarias para prosperar en un entorno laboral en constante evolución.

Según Fred Eichwald, en un reciente artículo publicado en Alemania, se estima que para 2030 el 70 % de las competencias laborales habrán cambiado. Destaca que las llamadas soft skills —como la adaptabilidad, la empatía, la resolución de conflictos y la resiliencia— serán determinantes para el éxito profesional en el futuro.

A esta visión se suma Simon L. Dolan, presidente y cofundador de la Global Future of Work Foundation, quien revela que un estudio realizado conjuntamente por la Fundación y el Institute for the Futures (en Valkiria), en el distrito digital 22@ de Barcelona, demuestra con claridad que no siempre son las empresas más grandes las que triunfan, sino aquellas que son ágiles e innovadoras y capaces de transformar sus sectores.

Este mismo estudio, denominado DDOT – Digital Dictionary of Occupational Titles, puso de manifiesto que los profesionales más exitosos del sector tecnológico no eran quienes dominaban las últimas aplicaciones o tecnologías, sino aquellos guiados por un sólido conjunto de habilidades blandas.

A la luz de estos hallazgos, es imprescindible replantear nuestra comprensión de las competencias necesarias para el mercado laboral del mañana. Dolan subraya una distinción clave entre dos tipos de habilidades: las hard skills, que incluyen conocimientos técnicos y especializados, y las soft skills, que suelen ser más difíciles de identificar y desarrollar, pero que se están convirtiendo en atributos esenciales para la empleabilidad futura.

Este panorama transmite un mensaje alentador. Aunque el mercado laboral está cambiando, también abre un amplio abanico de oportunidades para el crecimiento personal y profesional. Desarrollar tanto habilidades técnicas como habilidades humanas no solo garantiza la relevancia futura, sino que permite prosperar en entornos cambiantes.

Entre las competencias emergentes más relevantes se encuentran:

  • La capacidad de buscar información de calidad y crear redes de confianza. En un mundo saturado de datos, saber encontrar lo verdaderamente relevante en el momento adecuado es clave.
  • El dominio de varios idiomas y de competencias digitales. La globalización hace insuficiente el manejo de una sola lengua.
  • La creatividad y la flexibilidad cognitiva: aprender, desaprender y reaprender de forma continua.
  • La capacidad de negociar y renegociar, gestionar conflictos como fuentes de aprendizaje, manejar el estrés y promover el bienestar.
  • La proactividad y la pasión por la innovación.

Xavi Olba, consultor en estrategia digital e innovación y miembro de la comunidad 22@, destaca una competencia esencial para los profesionales del futuro: no se trata de acumular conocimiento, sino de saber gestionarlo eficazmente. A ello añade la importancia de una elevada inteligencia emocional y otras competencias clave:

  • Autenticidad: conocerse bien, ser honesto y tener claros los valores personales.
  • Resiliencia: entender que los resultados no llegan a la primera y que los procesos requieren tiempo.
  • Humildad: reconocer fortalezas y áreas de mejora, aceptar ayuda y aprender desde la práctica.
  • Actitud: mantener una conducta constructiva, saber actuar cuando toca y reflexionar cuando es necesario.

Las habilidades blandas como nueva moneda de valor

¿Qué implica todo esto para ti, para tu equipo y para tu organización? ¿Hay motivos para el optimismo?

Vivimos en un contexto marcado por avances tecnológicos constantes, cambios sociales profundos y fluctuaciones económicas que redefinen el trabajo a un ritmo vertiginoso. Lo que hoy es válido, mañana puede quedar obsoleto. Aunque este escenario puede generar incertidumbre, también abre enormes oportunidades.

Según LinkedIn, el 70 % de las competencias requeridas actualmente cambiarán antes de 2030. No se trata de una predicción futurista, sino de un diagnóstico del presente. Sin embargo, las respuestas suelen oscilar entre la negación y la acumulación frenética de certificados. Lo que falta es una reflexión sistémica que involucre a empleados, directivos, líderes políticos y académicos en la preparación del futuro del trabajo.

La inteligencia artificial y la automatización no deben verse solo como amenazas al empleo. Son herramientas poderosas que pueden aumentar la productividad y liberar a las personas de tareas rutinarias, permitiéndoles centrarse en la creatividad, la innovación y la resolución de problemas. Esto abre la puerta a una era de upskilling y reskilling que empodera a los profesionales como arquitectos de sus propias trayectorias laborales.

Los cambios sociales también están impulsando nuevas miradas sobre el equilibrio entre vida personal y trabajo, así como sobre el bienestar de las personas. Las organizaciones que fomenten culturas inclusivas y colaborativas estarán mejor posicionadas para innovar y afrontar los desafíos actuales.

Incluso las crisis económicas pueden actuar como catalizadores de resiliencia e innovación. Las empresas que adopten la agilidad no solo resistirán la incertidumbre, sino que saldrán fortalecidas.

No hay marcha atrás, y eso es positivo. Adaptarse ya no es solo una cuestión de supervivencia, sino una oportunidad para prosperar. Adoptar una mentalidad de crecimiento permite innovar, evolucionar y liderar en esta nueva era.


La gestión del talento en el nuevo escenario

Los avances tecnológicos están transformando la selección y gestión de personas. Herramientas como ChatGPT, los sistemas automatizados de reclutamiento y los modelos de IA generativa prometen eficiencia y decisiones basadas en datos. Sin embargo, existe el riesgo de que se descuide un aspecto fundamental: el desarrollo social, comunicativo y psicológico de los profesionales.

La inteligencia emocional, la empatía, la escucha activa, la resolución de conflictos y la conciencia cultural siguen siendo pilares esenciales del trabajo en equipo. Si la tecnología avanza más rápido que el desarrollo humano, se genera un desequilibrio que puede limitar la eficacia organizativa.

Por ello, las empresas deben invertir de forma paralela en tecnología y en desarrollo humano. Programas de formación en habilidades interpersonales, mentoría y aprendizaje colaborativo permiten crear un ecosistema equilibrado donde la tecnología potencia, y no sustituye, la conexión humana.

Las organizaciones que apuestan por un desarrollo integral obtienen una ventaja competitiva real, atrayendo y reteniendo talento comprometido con su crecimiento personal y profesional.


Adaptabilidad y la necesidad de un nuevo sistema educativo

La adaptabilidad es un término muy utilizado, pero a menudo mal entendido. No se trata solo de flexibilidad, sino de la capacidad de cuestionar patrones establecidos, redefinir roles y utilizar las crisis como oportunidades de aprendizaje.

Esta flexibilidad interna es especialmente desafiante para muchos líderes, formados durante años para ejercer control y tomar decisiones rápidas, más que para reflexionar críticamente sobre sus propias prácticas. Sin embargo, ese cambio interno es hoy imprescindible. Quienes no son capaces de transformarse difícilmente podrán liderar a otros en procesos de cambio.

Los sistemas educativos actuales tienden a priorizar habilidades técnicas especializadas y evaluables, relegando el desarrollo de competencias humanas esenciales. El resultado es que muchos estudiantes dominan contenidos académicos, pero carecen de habilidades para comunicarse, empatizar o adaptarse a contextos reales.

Afortunadamente, el cambio ya ha comenzado. El aprendizaje basado en proyectos, el trabajo en equipo, las prácticas profesionales y los programas de mentoría están impulsando enfoques más integradores. Una educación holística, que valore por igual las habilidades técnicas y las humanas, es clave para preparar a los profesionales del futuro.


Conclusiones: ¿qué es realmente necesario ahora?

La lista de habilidades blandas mencionada en este artículo es un buen punto de partida, pero no es suficiente. Lo que realmente necesitamos es una revisión honesta de los puntos ciegos de nuestra cultura laboral:

  • El liderazgo debe replantearse como un servicio al desarrollo de las personas.
  • La educación debe alejarse del enfoque centrado en exámenes y avanzar hacia el aprendizaje continuo y el desarrollo personal.
  • Las organizaciones que exigen cambio deben crear condiciones reales para el crecimiento, basadas en tiempo, confianza y apoyo cualificado.
  • Los profesionales deben comprender que la verdadera seguridad laboral ya no reside en un puesto fijo, sino en la capacidad de seguir desarrollándose.

Adoptar esta perspectiva nos permitirá construir una fuerza laboral más resiliente y preparada para afrontar los desafíos del mañana. El futuro del trabajo pertenece a quienes están dispuestos a crecer, tanto en lo técnico como en lo humano.


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